Vicente Fernandez: Familia, tradición y cultura

Por Lucy Moreno

Una familia que ejemplifica cada palabra en el título de este artículo es la familia de Vicente Fernández, que es una de las más conocidas de México y honra su tradición y cultura. Durante su última gira juntos, tuve la posibilidad de acompañar a Vicente y Alejandro Fernández, desde la cena a la Persona del año de LARAS hasta los ensayos en la gira que hicieron en Texas e incluyó a Dallas, Houston y San Antonio.

Durante la gira, esta periodista tuvo la oportunidad de familiarizarse con Vicente y Alejandro y verlos interactuar entre sí y, por supuesto, con su personal, los amigos y la familia.

Lo que ustedes vieron en el escenario no era actuación, sino una familia verdadera y realmente cercana. El espectáculo, nombrado apropiadamente Lazos Invencibles, el fin, era la última vez que ambos salían de gira juntos. Este espectáculo fue un ejemplo de familia, tradición y cultura, así como de mutua admiración entre padre e hijo, algo que quedó plasmado en el escenario. Sus fanáticos se sintieron tan a gusto con la familia, que incluso nombraron a Vicente “el suegro de México” y a Alejandro, “el novio de México”.

La gira de Texas ese año comenzó en Houston, en el ahora desaparecido Compaq Centre, donde llegué temprano ese día, porque considero que es la mejor forma de encontrar tiempo de calidad con los artistas. Alejandro fue el primero en llegar, ya que quería hacer una prueba de sonido antes del espectáculo de la noche.

Después de la prueba de sonido, Alejandro estaba revisando las fotos que yo le había entregado. Mientras tanto su padre, Vicente, entró al recinto y bromeó con él por el hecho de haberlo dejado solo en el hotel. En tono gracioso le dijo: “Creí que te habías enojado porque te gané el Grammy”. Alejandro se rió y abrazó a su padre antes de regresar a su camerino.

San Antonio fue diferente, ya que los Fernández tienen casas allí. Trajeron consigo a sus familias al espectáculo. Alejandro se relajó un poco jugando a las cartas con sus músicos antes de su actuación, mientras que Vicente visitó a sus nietos y amigos detrás del escenario.

Antes de comenzar el recital en Houston, el patrocinador de la gira durante ese año hizo entrega a los dos Fernández de los Premios Tradición Jack Daniels. Era una hermosa hebilla para cinturón realizada a mano, en oro y plata, con sus nombres grabados. Cada hebilla fue colocada dentro de un barril en miniatura de  Jack Daniel’s Gentleman Black y, una vez más, la palabra tradición se asoció con los Fernández.

Cada lugar es diferente y, aunque la asistencia variaba en cada lugar, la energía del público y la pasión eran las mismas. Todos estaban allí para escuchar y ver la entrega de dos voces extraordinarias ante ellos.

En cada ciudad el espectáculo difería un poco, dependiendo de la reacción de la audiencia. Pero una cosa era siempre segura: la vista espectacular de más de 20 mariachis en el escenario junto con una banda. En primer lugar, Alejandro ascendería en el escenario vestido con su tradicional traje ranchero, con sombrero en mano, y se presentaba cantando y portando esa sonrisa sexy y tímida que automáticamente anima a todas las mujeres a gritar y tratar de llamar su atención. Alejandro tomó posesión del escenario como únicamente él podía hacerlo, en control total de sus cuerdas vocales que sólo puede ser heredado del Rey de Reyes.

Una vez que el público estaba emocionado, el Rey de las Rancheras llegó de la misma forma que el príncipe lo había hecho y “el novio de México” salió del escenario. Vicente tomó el mando de la audiencia y se llevó a todos los presentes a través de una espiral de emociones. El siguiente fue el momento en que todos contuvimos la respiración para el dúo padre e hijo. El poder de estas dos voces fue abrumador. La canción elegida, “Amor de los dos”, hizo que subiera la temperatura y el lugar se llenara de entusiasmo y emoción. El dúo tuvo la oportunidad de hacer bromas de ida y vuelta, con elogios el uno al otro como “¡Ese es mi apá!” y “Ese es mi bebé!”

Durante la última parte del espectáculo, justo antes de cantar “Perdón”, don Vicente se dirigió a la multitud para decirle: “Ya se hizo viejo este viejo, pero les dejo a mi hijo.” Fue justo después que el público comenzó a llorar cuando Alejandro le cantaba a su padre “Cuando yo quería ser grande”, mientras que lo tenía en un abrazo amoroso.

Vicente luego se dirigió a la audiencia una vez más y dijo que él solía cantar esta canción junto a sus hijos cuando eran niños y ahora se la cantaba a sus nietos. Y empezó a entonar “Arruyo de Dios” mientras le acariciaba el rostro a su hijo Alejandro. Fue en este punto en el espectáculo que atrajo las emociones de la audiencia y uno se podía imaginar a Don Vicente cantándole a su hijo menor en su cama, como cuando era un niño. Definitivamente sentí el amor mutuo y orgullo que tienen el uno por el otro.

Ambos hombres cantaron el último tema juntos, “Volver, volver”, que es la canción que identifica a don Vicente. Cuando el público escucha esa canción, sabe que es el final del espectáculo. Luego, padre e hijo caminaron juntos, abrazados, de un extremo del escenario al otro, para despedirse de la audiencia, mientras que “Las Golondrinas” era interpretado por los mariachis. Había lágrimas en los ojos de muchos fans, que brindaban una última mirada a Vicente y su portillo Alejandro, que cantaban juntos por última vez.

Lazos Invencibles son, exactamente, lo que está entre el padre y el hijo, algo que todos los que asistieron a estos conciertos vio de primera mano. Fue difícil para esta reportera despedir a esta familia, ya que por el poco tiempo que pasé con ellos me hicieron sentir parte de su familia.

Tradición, cultura y familia es como se puede describir a los Fernández, porque ellos trajeron la tradición y la cultura mexicana y la compartieron con el mundo durante su gira Lazos invencibles, el fin. Ahora es La gira del adiós la que promete ser igualmente emocionante, pero esta vez con su hijo mayor, Vicente Fernández, Jr., quien ha sido elegido por el Rey para acompañarlo en su última gira por el mundo. Por eso, Texas, démosle un adiós que él pueda recordar y decir: “Esa gente en mi segunda casa, en Texas, me regaló los mejores aplausos que he escuchado”. Don Vicente siempre será uno de nosotros -o por lo menos su voz lo será- durante las bodas, quinceañeras, fiestas de cumpleaños y cualquier reunión familiar. Él estará allí, será siempre parte de nuestra familia y se asegurará de que no olvidemos nuestra cultura y de que compartamos nuestras tradiciones mexicanas.

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